PAPEL DE LA NEUROPSICOLOGÍA TRAS UN ICTUS

Tras un Ictus suelen aparecer cambios cerebrales, funcionales, emocionales y de conducta que afectan a la calidad de vida de la persona. Cuando esto sucede, es recomendable un tratamiento transdisciplinar que aborde de forma global las diversas secuelas que hayan aparecido. Pero… ¿cuál es el papel de la neuropsicología en este proceso? Un/a neuropsicólogo/a en el contexto del ictus evalúa y trata las alteraciones que resultan del daño cerebral. Su trabajo se centra en identificar las áreas afectadas y preservar las funciones intactas, para luego desarrollar estrategias de rehabilitación personalizadas que ayuden al paciente a recuperar la mayor autonomía posible.

El trabajo se desarrolla en varias fases:

  1. Evaluación neuropsicológica:

Se aplican pruebas estandarizadas para evaluar funciones como atención, memoria, lenguaje, habilidades visoespaciales, cálculo y funciones ejecutivas. Esta evaluación permite identificar los déficits específicos y las capacidades preservadas, lo que sirve de base para el plan de rehabilitación. Además, se realiza una entrevista clínica con el paciente y, si es posible, con sus familiares o personas cercanas, para conocer el estado previo a la lesión y cómo ha cambiado la persona.

  1. Rehabilitación neuropsicológica:

Se diseña un programa de intervención personalizado que puede incluir estrategias de rehabilitación, sustitución o compensación que comprende varios apartados:

Rehabilitación cognitiva: Estimular y entrenar las capacidades cognitivas afectadas para mejorar su funcionamiento.

Intervención emocional y conductual: Abordar cambios en el estado de ánimo, la motivación, la ansiedad, la depresión, o problemas de comportamiento que puedan surgir después del ictus.

Adaptación del entorno y entrenamiento a familiares: Enseñar al paciente y a su familia a manejar los déficits y a crear rutinas que faciliten la adaptación al nuevo contexto.

  1. Seguimiento y reevaluación:

Se realiza un seguimiento del progreso del paciente para valorar la evolución de las funciones cognitivas, conductuales y emocionales ajustando el plan de rehabilitación según sea necesario.

El objetivo principal de la rehabilitación neuropsicológica en el ictus es mejorar la calidad de vida del paciente, maximizando su autonomía e independencia, y favoreciendo su integración social y laboral.